7/10/2014

Despertar



La anestesia general tiene tres fases: inducción, mantenimiento y despertar. Cuando en 2008, abrí el blog "La doctora Jomeini", lo que realmente hice fue analgesiar los dolores de volver a ser residente, sumirme en un sueño increíble y conseguir relajarme frente al estrés cotidiano. Es decir, el 2008 fue mi fase de inducción en el mundo bloguero. Durante estos seis años, con algunos reveses, he mantenido el blog vivo y sin daños colaterales. Ha llegado el momento del despertar. 
Queridos jomeinistas que me habéis acompañado durante este tiempo, "La doctora Jomeini" cierra sus puertas. Por varios motivos pero básicamente porque he evolucionado. Durante estos seis años, he terminado mi residencia y me he centrado en el dolor crónico como subespecialidad. Para esa parte, están Algoloblastia y AnestesiaR, donde seguiré escribiendo como anestesiólogo. Para mi lado gamberro, está Glup-Glup, donde también podréis leerme. Y, por último, para el resto, para todo lo demás, está El Fogón, donde espero que me sigáis acompañando. 
Por ahora, voy a dejarlo tal cual está. Mi idea es –en un futuro– convertirlo en un blog imaginario y continuar aquí las aventuras de mi alterego. Pero eso es un proyecto que por el momento no puedo acometer. 
No sé si me equivoco. Si lo hago, puede que tenga un mal despertar. Que me duela el alma al abrir los ojos. O que no pueda contener las náuseas. O que –aún peor– haga un laringoespasmo y haya que volver a dormirme. No lo sé. Pero si no lo hago, no lo sabré nunca. 
Hay un poema de Angel González que dice "Yo sé que existo, porque tú me imaginas". No dejéis de imaginarme, porque "(...)si tú me olvidas/ quedaré muerto sin que nadie/ lo sepa".


29/9/2014

Les tocó la china


Dice Leo Harlem que si nos hemos fijado que la mayor parte de los monólogos empiezan con la frase "¿Se han fijado ustedes...?". Pues si Leo Harlem lo dice es que va a misa, oiga. Y yo no voy a ser menos. 
¿Se han fijado ustedes en que casi no hay chinos en Urgencias? Cuando una va a las cuatro de la madrugada a un punto de atención urgente, se encuentra al borracho de turno que se ha caído, se ha cortado la ceja y el labio y los amigos bienintencionados lo han llevado a Urgencias para que duerma la mona en la sala de espera. Mirando al borracho, con un rictus de disgusto y agarrando el bolso con las dos manos, está una señora que viene a esta hora porque hay menos gente y que ahora está callada, pero no por mucho tiempo. En cuanto alguien la mire le contará con pelos y señales todas sus dolencias desde la cirugía de la matriz –donde la vaciaron entera y casi se muere– hasta la intervención de juanetes, que todavía le está doliendo treinta años después y por cuyo dolor consulta esta noche. En un rincón de la sala, está la parejita a la que se le ha roto el condón y que vienen por la píldora del día después. Y en una esquina, un tipo que se ha cortado con una hoja de papel el pulgar de la mano derecha y que viene por si las moscas se le gangrena el dedo. Porque, evidentemente, el cerebro ya lo tiene gangrenado. Pero chinos, ni uno. Urgencias, tampoco, eso es verdad. 
Pero ayer algo cambió (debía de ser la luna o algo, habrá que preguntárselo a los del Cuarto Milenio ese a ver si nos lo explican), porque ayer mientras en el Hospital de Arriba teníamos una Urgencia real de las de corre–corre, el anestesista del Hospital de Abajo tenía que vérselas con una china en el zapato. Y nunca mejor dicho. 
La china era una chica de unos veinte años, delgadita, con los ojos rasgados, muy china ella. Que lo único que sabía hablar era chino. Y lo único que se le entendía era "Ay, Ay, Ay". El médico de Urgencias con el lenguaje universal –las señas– pudo dilucidar finalmente que lo que le dolía a la susodicha eran sus partes nobles. Y es que tenía un absceso del tamaño de un camión. Consecuentemente, les toca la china a los ginecólogos y, de rebote, a los anestesistas. Que tienen que explicarle en chino en qué consiste una anestesia espinal. Tócate un pie. 
Pero donde hay un adjunto tecnopléjico hay un residente espabilado. Y el resi se sacó de la manga una aplicación traductora del iphone que suponemos iba diciéndole a la china en chino lo que iban a hacerle. 
Y es que las ciencias adelantan que es una barbaridad. A este paso, junto a la señora, el borracho, la parejita y el imbécil de la hoja de papel, se nos va a llenar la sala de espera de chinos. 
Si es que lo estoy viendo. 


Dedicado a Rafa, anestesista tecnopléjico al que tengo mucho cariño y que me hizo reír con sus historias de chinos.

23/9/2014

¿Corres o haces running?


Mi colaboración de hoy con Glup-Glup habla de esa extraña raza de seres que pueblan últimamente nuestras calles: los runners. Podéis leerla aquí. 

19/9/2014

Pelo en pecho


Se llama Rosario. 
Como las mujeres –me dice– Es que nací el día de la Virgen del Rosario y mi padre era muy religioso. 
Pero él es muy macho, de esos de pelo en pecho y cadena gorda de oro. 
¿Desde cuándo tiene dolor? –le pregunto. 
Y Rosario se ríe, aunque en su risa no hay ni gota de felicidad. 
– ¿Y cuándo no? –responde– La primera vez que me dolió algo tenía seis años. Vi morir a mi mejor amigo. Nos atropelló un camión. A mí no me paso nada. Él siguió moviéndose un rato sin cabeza como las lagartijas. 
Me quedo helada mirándole. La imagen me ha impactado tanto que me ha borrado las palabras.
– La siguiente vez fue a los ocho: mi padre se murió y mi madre nos puso a trabajar a todos en el campo. Me dolía la espalda y el cuello. Así los tengo. Me dormía todas las noches llorando. 
Siento una oleada de compasión por aquel niño que fue el Rosario que tengo ahora delante. Y al mismo tiempo doy gracias de que los míos no tengan que hacerlo. 
– Me casé. Y tuve una hija. Salió mal: el matrimonio y la hija. Mi mujer está enferma. Mi hija lo heredó. Y murió cuando tenía diez años. Por una negligencia médica. Y le prometo, doctora, que ese es el mayor dolor de todos. 
No pregunto. No quiero saberlo. Rosario me vomita su vida sobre la mesa. Le duele todo: la espalda, el cuello, el alma. 
– La hija que nos queda tiene una parálisis cerebral. No puede moverse. Así que, con esta espalda,  tengo que cargarla para bañarla y sentarla. 
Rosario no quiere pastillas. Ha venido a verme por si puedo ayudarle con alguna técnica. 
– Es que tengo que trabajar. Y con pastillas no puedo, que me atontan. ¿Y quién lleva sustento a esta gente mía? 
Se llama Rosario. Como las mujeres. Pero es un hombre, de los de pelo en pecho. De los que se echan la vida como un fardo a la espalda. Y tiran para delante, le pese a quien le pese. 


15/9/2014

Mafaldismos

Susanita está cambiando. Era inevitable. La adolescencia pende sobre ella como una espada de Damocles, dispuesta a caer en cualquier momento. Ya llena diarios – que sigue dejando abiertos por todos lados – con cosas que le pasan con el chico que le gusta y con inseguridades que son como un collar que nos ponemos todos al cuello cuando se van aproximando esos años.
Pero hay algo que no cambia. A Susanita le da miedo subir sola al piso de arriba donde están los dormitorios. Sea de día o sea de noche. Y hace lo que sea para que alguien la acompañe. Un poco harta del tema, discutía de eso con ella: 
– Pero, vamos a ver, que ya tienes once años, ya es hora de que te des cuenta de que arriba no hay nadie, que no está el coco preparado para comerte dentro de un armario – Sí, lo sé, pedagogía nula, pero es que me tiene hasta el moño. 
– Es que, mamá – dice, con cara de sufrimiento digna de la Dolorosa de los Siete Puñales – tú no sabes lo que tengo. 
– ¿Qué tienes? – pregunto. 
– Tengo isolofobia. 
Me enmudeció. Que una es de ciencias puras y tuve que buscarlo en el diccionario. 
Susanita está cambiando. La adolescencia la está trasformando en Mafalda.


10/9/2014

Querido estudiante de Medicina




Querido estudiante de Medicina, 
A lo largo de tus seis larguísimos años de carrera y a lo largo de los años de Residencia, oirás muchas veces que hay que hacer curriculum, que el curriculum es importante. Que hay que hacer el doctorado y la tesis, publicar en revistas de impacto, investigar y acumular mérito tras mérito. Lo llaman hacer carrera profesional. Y dicen que "propicia la sana competencia entre profesionales". ¿Para qué?
Escúchame bien. El curriculum es importante, no digo que no, pero solo como un paso para conseguir tu objetivo. "Qué objetivo es ese"– me dices. "¿Para qué escogiste Medicina?" – te respondo. Porque si la escogiste por el sueldo, por el prestigio profesional o porque tu padre era médico y había que seguir la tradición, ya puedes ir pensando en otras alternativas para tu futuro. La carrera de un médico es muy dura de por sí, más dura aún cuando no estás dispuesto a dar nada. 
El objetivo de un médico – te recuerdo – es ayudar al paciente. Ni siquiera curar, porque a veces no puedes curar. El objetivo de un médico es escuchar cuando te hablan y no juzgar: no sabes si en el caso de esa persona habrías hecho lo mismo. "Es un drogata, es un mentiroso, es una simuladora". No es ese tu objetivo. 
Tu curriculum vitae tiene que estar lleno de vida, de empatía y de paciencia. Aunque te digan que la humanidad está sobrevalorada. Aunque te digan que lo importante es el impacto de tal revista. Aunque tú mismo ese día no estés para nadie. 
Que tu labor asistencial sea esa, asistir. Nada de malas caras. Nada de palabras crueles aunque las noticias lo sean. Tus pacientes no son máquinas, no son juegos en los que no importa leer la palabra "Game over". Son personas. Como tú. ¿O ya se te ha olvidado ser persona entre tantos apuntes?

Querido estudiante de Medicina, 
que tu curriculum sirva para que tú sirvas mejor a tus pacientes y que no te sepulte entre miles de datos inútiles. Hazme caso. 


31/8/2014

El diagnóstico


Cuando colgó el teléfono, todo su mundo había cambiado. Los problemas con los niños, el agobio del trabajo, la discusión de hacía una hora con el jefe...todo lo que hasta el momento en el que sonó el timbre de llamada le había parecido importante, había dejado de serlo. Como si el mundo se hubiera detenido en una foto en blanco y negro. Se quedó quieta, con los ojos muy abiertos, en medio del pasillo lleno de gente. Inmóvil hasta que la sonrisa de su amiga la despertó. 
- ¿Qué te pasa? - le preguntó. 
Y ella, con las palabras del diagnóstico resonando aún en el oído, la abrazó y se echó a llorar. 


21/8/2014

La última vez


Mi hija ha tenido que ir esta semana al ortodoncista. No se le caían los dientes de leche y le estaban saliendo por encima los definitivos. Le han quitado seis dientes a la vez. Sin enterarse, todo hay que decirlo. Un olé por esa ortodoncista. Pero a lo que iba. 
- Ufff - le dijo a mi santo, cuando salieron de la consulta - El ratón Pérez va a tener que pedir un préstamo. ¡Seis dientes a la vez!
Tiene once años. Pero sigue creyendo en el Ratón Pérez y en los Reyes Magos. Cree en las hadas y en que si envías un beso al soplar un diente de león, el beso le llega a quien tú quieres. En definitiva, cree en la magia. 
Por la noche, junto a los dientes, había una cartita minúscula (supongo que tamaño Ratón Pérez) que ponía: "Esta noche es la última vez que se me cae un diente. Te echaré de menos. Gracias. Susanita". Se me encogió el corazón al leerlo. Este año, posiblemente, sea también la última vez que los Reyes Magos de Oriente sean Melchor, Gaspar y Baltasar y mis hijos les griten en la cabalgata el nombre de ese juguete de última hora que no pidieron en su carta porque su madre se las obliga a escribir en Noviembre. Este año, tal vez, sea la última vez que mi hija juegue a hacer castillos de arena en la playa hasta que vuelva a arrodillarse al lado de sus hijos para hacerlos de nuevo. En la arena porque en el aire no creo que deje de hacerlos. Este año, definitivamente, será la última vez de muchas cosas. 

Pero la primera de tantas...

17/8/2014

El globo


Cada uno de nosotros –a nuestra manera– funciona como un globo aerostático. Salimos a flote gracias a que la densidad de nuestro interior –es decir, aquellas cosas realmente importantes: el amor, la amistad, la salud, la risa compartida...– tiran de nosotros hacia arriba. A veces, incluso, las pasiones nos hacen subir demasiado y escribir renglones en las capas más altas de la atmósfera. 
Como los globos, nos dejamos llevar casi siempre por la corriente. Por lo que dicen los demás, por las convenciones sociales, por lo que creemos que debemos hacer. Pero llega un día en el que, harto de los vientos cambiantes, un piloto experimentado puede elegir la dirección deseada. Pero para hacerlo, debe soltar lastre. Dejar de intentar ser lo que no es. Dejar de poner las necesidades en un segundo plano. Dejar de mentirse a sí mismo. Y sobre todo, dejar de aferrarse a la tierra, a lo conocido y a lo seguro.  
Yo, como todos vosotros, soy un globo. Y este verano he decidido soltar lastre y cambiar –otra vez– mi vida y mis prioridades. Voy a trabajar menos como médico y más como escritora. Y, sobre todo, voy a vivir más como madre y como pareja. Y, en el camino, me detendré a mirar lo hermoso que se extiende el paisaje bajo mis pies y lo pequeñas que parecen las mezquindades que antes tanto me hacían sufrir. 
Septiembre llegará cargado de cambios y de aires nuevos. Os iré contando lo que se siente cruzando las nubes con el vértigo como un bufanda al cuello. ¿O tal vez os vea flotando a mi lado y os salude con la mano y una sonrisa?¿Os atrevéis?



11/8/2014

Intimidades


Hace ya años, en la única vez en la que hemos hablado cara a cara, Emilienko me preguntó si no me daba vergüenza desnudar mi intimidad de la manera en la que lo hacía en el blog. Yo me quedé mirándolo con cara de latín porque hasta ese momento me había sentido vestida, casi monjil, en mis posts. Y creo que le respondí atónita algo así como "No, yo solamente cuento lo que quiero contar. No me desnudo". O eso creía yo. Hasta hoy. 
Cuando una es madre de familia y se va de vacaciones con su santo y sus retoños quince días, tiene que asumir que es algo así como Durga la invencible y que la cantidad de manos que debe tener es similar a la de la diosa hindú. Una para la bolsa de la merienda (que también lleva la cena por si el avión se retrasa), otra para tu propio bolso (donde llevas el ordenador en un intento vano de trabajar algo en vacaciones, ilusa de ti), otra para el bolso de Susanita (donde lleva su libro de Ana de las Tejas Verdes con varias pastillas de goma pegadas a la contraportada que se han hecho amigas de todas las pelusas del interior, un collar de ositos y una figurita de porcelana de los chinos con purpurina), otra para el bolso del Terro (con un avión de lego, que se deshace en cuanto lo tocas, un comic de Mortadelo, un paquete de chicles vacío y 40 céntimos en monedas de un céntimo) y otra, finalmente, para una de las dos maletas que llevas con la ropa de verano. A eso tienes que añadir las porquerías varias - tipo revista-del-avión-porfavor-mamá-porfavor - que van recogiendo tus enanos por el camino. Entenderéis que cuando una llega a las doce de la noche a su destino, cargada como los camellos de los Reyes Magos, no piensa en otra cosa que no sea una cama y roncar a pierna suelta. 
Pero, a la mañana siguiente, la vida se ve de otra manera. Te levantas después de un sueño reparador y decides darte una ducha maravillosa, dejando que el agua caliente se deslice por tu espalda. Sales roja como los cangrejos y empiezas a buscar tu ropa interior por la habitación para bajar a comprar el pan. Y entonces una duda se cuela en tu subconsciente. Empiezas a contar: una mano para mi bolso, otra para el de Susanita, otra para el del Terro, otra para la bolsa de la comida, otra para la maleta de los niños...¿Dónde cuernos está tu maleta? Ay, ay, ay. En pelota picada, cruzas el pasillo mientras la duda se va convirtiendo en terrible certeza y asomas la cabeza por la rendija de la puerta para comprobar que, efectivamente, anoche tus manos no fueron suficientes y enfrente de la puerta del vecino está tu preciosa maleta con toda tu ropa (incluida tu ropa interior) y que - con los ronquidos de fondo de los demás miembros de tu familia - no te queda más remedio que esprintar hasta su puerta, rogando que no se le ocurra abrir en ese momento y se dé cuenta de que esta vez sí que te has desnudado en el blog. 


20/7/2014

Nos vemos en Mérida


La preciosidad de librería que veis sobre estas líneas es la librería San Francisco, de Mérida, donde tendrá lugar la siguiente firma de "Planes de boda". Así que, si estáis dispuestos a desafiar las altas temperaturas, os espero el 25 de Julio de 19.30 a 21.30 horas (en la calle San Francisco, 13), con el bolígrafo preparado y muchas ganas de desvirtualizaros. 


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